BackgammonCerebro y cienciaEstrategia

¿Es bueno el backgammon para el cerebro? Lo que revelan 20 años de estudios de cohorte

Afirmar que el backgammon previene la demencia, sube el coeficiente intelectual o mejora la memoria cotidiana es un mito sin respaldo clínico. Sin embargo, grandes estudios epidemiológicos de 20 años —como la cohorte francesa PAQUID con 3675 adultos y la cohorte escocesa de Lothian con 1091 personas— observan que los adultos mayores que juegan regularmente a juegos de mesa tradicionales muestran un declive cognitivo menor en velocidad de procesamiento y memoria que quienes no juegan. El backgammon estimula el pensamiento mediante el cálculo de probabilidades sobre 36 combinaciones de dados, el recuento de pips y la toma de decisiones bajo incertidumbre.

Por Boardgammon9 min de lectura

Este artículo informa sobre estudios científicos. No es un consejo médico. Hacemos una app de backgammon, así que somos parte interesada en la respuesta.

Dos pares de manos, una de mayor edad y otra más joven, descansan sobre una mesa de madera junto a fichas de backgammon, dos dados y una taza de té al sol.
Los estudios longitudinales observan que la práctica constante de juegos de estrategia tradicionales se asocia a un menor deterioro cognitivo en la vejez.Imagen: Generated with Google AI · Ilustración creada con IA.

En tabernas, clubes y parques de España y América Latina, el repiqueteo de los dados contra el fieltro forma parte de la vida cotidiana. Dos rivales miden sus fuerzas, mueven sus fichas y valoran cada decisión con intensidad. Quien decide aprender backgammon paso a paso suele escuchar que este juego milenario constituye un ejercicio mental extraordinario para mantenerse en forma intelectualmente.

En artículos de divulgación popular y redes sociales se repiten a menudo titulares llamativos que aseguran que «los juegos de mesa pueden evitar el alzhéimer» o «aumentar la inteligencia». Sin embargo, cuando se examinan estas afirmaciones con rigor científico, la realidad resulta más matizada y bastante más interesante.

Ningún ensayo clínico ha demostrado jamás que jugar al backgammon cure o evite la demencia. Tampoco existe prueba alguna de que las habilidades adquiridas en el tablero se transfieran automáticamente a las finanzas o a la memoria doméstica. En cambio, cuando la epidemiología médica examina cohortes de miles de personas seguidas durante más de veinte años, se comprueba un dato indiscutible: las personas mayores que practican con regularidad juegos de estrategia tradicionales sufren un declive cognitivo sensiblemente más lento en velocidad mental y memoria.

Para entender este fenómeno sin caer en exageraciones médicas, conviene analizar primero las demandas intelectuales que plantea el tablero y contrastarlas con los datos empíricos de las mayores cohortes científicas disponibles.

¿Qué procesos mentales activa el backgammon en cada turno?

A diferencia del ajedrez o las damas, donde toda la información es visible y no existe el azar, el backgammon combina la planificación a largo plazo con la incertidumbre probabilística de los dados.

Una partida convencional se disputa sobre un tablero de 24 puntos con 15 fichas por bando que avanzan según la suma de dos dados [1]. Cada jugada exige resolver tres problemas intelectuales concretos.

Un tablero de backgammon en madera de nogal en una posición de medio juego donde las blancas deben decidir si ocupar el punto 5 o avanzar una ficha tras sacar 5 y 3.
Decisión táctica bajo incertidumbre: calcular con exactitud el riesgo de ser capturado ejercita la memoria de trabajo y la gestión de probabilidades.Imagen: Boardgammon

La gestión matemática de la incertidumbre

En cada turno, dos dados de seis caras ofrecen exactamente 36 combinaciones numéricas posibles [2]. La persona que juega no puede limitarse a buscar un movimiento perfecto en abstracto, sino que debe calcular probabilidades relativas:

  • Si dejas una ficha descubierta (un blot) a tiro directo de 1 a 6 puntos de distancia, ¿cuántas de las 36 tiradas permiten a tu rival golpearte y enviarte a la barra?
  • Si la distancia es de 8 puntos, ¿compensa asumir el riesgo sabiendo qué combinaciones indirectas exactas pueden alcanzarte?
  • ¿Compensa cerrar un punto estratégico en tu tablero interior si con ello expones otra ficha fuera de casa?

Esta dinámica obliga a la corteza prefrontal a evaluar el valor esperado de forma continua. Quien domina la estrategia de backgammon no juzga una jugada por el desenlace fortuito de una tirada posterior, sino por la solidez estadística del cálculo previo.

La aritmética mental de la cuenta de pips

El objetivo último de la partida es una carrera pura: llevar las 15 fichas a casa y sacarlas antes que el rival [1]. Para evaluar si se va ganando o perdiendo esa carrera, se calcula la cuenta de pips, que suma el total de casillas que les falta recorrer a todas las fichas propias hasta salir del tablero.

Realizar este cálculo mental en pocos segundos y sin tocar las piezas estimula la memoria de trabajo y la abstracción espacial. Las personas experimentadas no cuentan ficha por ficha, sino que identifican simetrías geométricas —como tres fichas en el punto 8 que representan 24 pips— y compensan los desfases numéricos de un vistazo.

El control emocional y el dado de doblar

El tercer gran reto intelectual reside en el dado de doblar. Tal como se explica en la crónica sobre quién inventó el dado de doblar, este instrumento nació en los clubes neoyorquinos de los años veinte para acelerar el juego y castigar las posiciones insostenibles [2]. En cualquier momento antes de lanzar sus dados, quien considera que tiene ventaja puede proponer doblar el valor de la partida. La persona retada debe decidir entre aceptar el envite y jugar por el doble de puntos, o abandonar la partida en el acto cediendo un punto.

La teoría de juegos establece que, en partidas por puntos sin amenaza de gammon, el umbral matemático para aceptar un doble se sitúa en un 25 % exacto de probabilidades de victoria [2]. Si tus opciones reales de remontar alcanzan o superan ese 25 %, aceptar ofrece una expectativa numérica superior a la rendición directa.

Tomar esa decisión bajo presión requiere templanza y disciplina. Los sesgos psicológicos habituales, como la aversión a la pérdida o el orgullo herido, empujan a cometer errores graves: o bien nos obstinamos en defender partidas indefendibles, o bien abandonamos por miedo duelos que aún tenían salvación. Saber cuándo doblar en backgammon exige someter la emoción al cálculo matemático.

¿Qué dicen las grandes investigaciones de seguimiento durante 20 años?

Para averiguar si este esfuerzo intelectual continuado tiene reflejo en la salud cerebral en la vejez, los investigadores necesitan estudios de seguimiento durante decenios.

La referencia científica más destacada en este ámbito es el estudio francés PAQUID, publicado en 2013 en la revista médica BMJ Open [3]. Un equipo encabezado por el profesor Jean-François Dartigues siguió a 3675 personas mayores de 65 años en el suroeste de Francia durante dos décadas completas [4]. Ningún participante tenía diagnóstico de demencia al comenzar el seguimiento. Se registraron minuciosamente sus actividades cotidianas, incluidos los juegos de tablero, la lectura, el ejercicio y las relaciones sociales.

Gráfico de barras que compara el riesgo de demencia entre no jugadores y jugadores habituales en la cohorte PAQUID
Cohorte PAQUID de 20 años: los jugadores habituales de juegos de mesa mostraron un 15 por ciento menos de riesgo de demencia en el modelo inicial no ajustado.Imagen: Boardgammon · Se puede reutilizar con un enlace a esta página (CC BY 4.0).

A lo largo de los 20 años de estudio, se aplicó periódicamente el test Mini-Mental (MMSE) para medir el estado cognitivo global. En el análisis estadístico preliminar, los jugadores habituales de juegos de mesa mostraron un 15 % menos de riesgo de desarrollar demencia respecto a los no jugadores, lo que representó un riesgo relativo (hazard ratio) de 0,85 con un intervalo de confianza al 95 % de 0,74 a 0,99 [4]. Además, el declive de sus puntuaciones en el MMSE fue apreciablemente más lento.

Sin embargo, los científicos franceses introdujeron una advertencia crucial: cuando los modelos estadísticos se ajustaron para tener en cuenta los síntomas depresivos y el rendimiento intelectual básico al inicio del estudio, la asociación estadística se atenuó [4]. Ello confirma que jugar no equivale a una inmunización biológica, sino que es un indicador clave de un estilo de vida activo, despierto y socialmente integrado.

Estos resultados concuerdan con la investigación realizada en Escocia sobre la cohorte de nacimiento de Lothian 1936 [3]. En 2020, Drew Altschul e Ian Deary dieron a conocer en The Journals of Gerontology (Series B) las conclusiones de un seguimiento a lo largo de 68 años sobre 1091 personas que habían realizado un test de inteligencia en 1947 con solo 11 años [3]. Gracias a este dato infantil, pudieron contrastar si la práctica de juegos se asociaba a una menor pérdida de facultades o si quienes poseen mayor inteligencia previa simplemente eligen jugar más.

Los integrantes de la cohorte fueron examinados en cuatro rondas a los 70, 73, 76 y 79 años mediante 14 pruebas estandarizadas de memoria, razonamiento y velocidad mental [3]. La conclusión fue reveladora: quienes incrementaron su afición a los juegos analógicos entre los 70 y los 79 años experimentaron un declive menor en velocidad de procesamiento y memoria, incluso tras neutralizar el influjo de la inteligencia a los 11 años, la educación, el nivel socioeconómico y el sexo [3].

Los autores de Edimburgo subrayaron con prudencia que, al tratarse de un estudio de observación y no de un ensayo médico experimental, no puede darse por probada una relación de causa y efecto [3]. La causalidad inversa —que quienes conservan mejor su lucidez mantengan más ganas de jugar— sigue siendo una explicación factible.

La reserva cognitiva: por qué el cerebro resiste mejor

Para interpretar los datos de PAQUID y Lothian, la medicina apela al concepto de reserva cognitiva, formulado por el profesor Yaakov Stern en la Universidad de Columbia [5].

Durante decenios, los anatomopatólogos descubrieron con asombro que algunos ancianos fallecidos presentaban en la autopsia lesiones y placas cerebrales propias de un alzhéimer en fase avanzada, a pesar de que en vida no habían mostrado alteraciones de memoria ni quejas cognitivas.

Stern postuló que el cerebro no es un circuito invariable que se rompe de modo uniforme [5]. El ejercicio mental a lo largo de la vida, el estudio y los pasatiempos complejos generan redes neuronales alternativas y más densas. Si una zona cerebral resulta afectada por el paso del tiempo o por una patología, un cerebro con abundante reserva cognitiva recluta vías accesorias para realizar la misma tarea con éxito.

Esta reserva no detiene la acumulación física de lesiones en los tejidos nerviosos [5]. Lo que aporta es un margen de resistencia: permite a la persona prolongar su autonomía personal, su juicio y su memoria durante años antes de que los síntomas se hagan perceptibles en el día a día.

¿Se trasladan estas habilidades a la vida diaria?

Pese a lo estimulante de estos hallazgos, la psicología cognitiva rechaza que las destrezas de un juego se trasladen automáticamente a otros ámbitos cotidianos.

En una revisión sistemática publicada en 2019 en BioPsychoSocial Medicine, el especialista Mutsuhiro Nakao analizó la bibliografía clínica sobre juegos de tablero [6]. Su balance fue tajante: si bien los juegos estratégicos tradicionales activan las redes de la corteza prefrontal, el cálculo de trabajo y la comunicación interpersonal, no hay constancia científica de que estas facultades se transfieran a competencias alejadas del propio juego [6].

Ocurre exactamente igual que en el ajedrez: los grandes maestros recuerdan posiciones de partida prodigiosas, pero su memoria sobre configuraciones aleatorias de piezas no supera a la de cualquier aficionado novel. La maestría es específica de cada dominio. Jugar al backgammon te entrena para jugar mejor al backgammon, no para convertirte en un prodigio de la contabilidad.

Comprender estas limitaciones no resta valor al pasatiempo. Al contrario, permite disfrutarlo por sus virtudes auténticas: una afición gratificante, económica y profundamente social que pone a prueba la lógica y la calma.

Claves para una rutina mentalmente saludable

Si quieres cuidar tu mente con los años y gozar del juego de forma provechosa, la evidencia médica recomienda combinar el tablero con un estilo de vida equilibrado:

  1. Jugar por afición y reto, no como terapia médica. No mires el tablero como si fuera un remedio recetado. Juega por la belleza táctica, por el duelo entre pericia y azar, y por el placer de compartir una tarde amena.
  2. Sumar siempre actividad física. Las investigaciones demuestran de modo rotundo que el ejercicio cardiovascular, caminar con asiduidad y dormir bien protegen las neuronas con mucha mayor contundencia que cualquier pasatiempo sedentario por sí solo.
  3. Favorecer la concentración serena. Jugar deprisa y sin reflexionar apenas aporta estímulo. Para activar la mente, analiza las jugadas dudosas, lleva la cuenta de pips de cabeza y revisa con deportividad tus errores tras la partida.
  4. Fomentar los vínculos humanos. Los juegos de mesa acercan a personas de diferentes edades en familias y peñas. La convivencia y la conversación regular constituyen uno de los factores de protección más firmes para un envejecimiento saludable.

Tanto si prefieres un tablero de madera tradicional junto a una taza de café como si te apetece jugar al backgammon online en tu navegador, este juego milenario renueva un desafío apasionante entre cálculo, psicología y fortuna que sigue poniendo a prueba la mente humana como el primer día.

Preguntas frecuentes

¿Puede el backgammon evitar el alzhéimer o la demencia?

Ninguna investigación médica ha demostrado que el backgammon, el ajedrez u otro juego pueda curar, detener o prevenir el alzhéimer o la demencia. Sin embargo, grandes cohortes poblacionales de 20 años como PAQUID indican que practicar juegos de mesa de forma habitual se asocia a un deterioro cognitivo más lento en edades avanzadas, ayudando a consolidar la reserva cognitiva.

¿Ayuda el backgammon a mejorar en matemáticas?

Una partida requiere sumar con agilidad, calcular distancias y ponderar 36 combinaciones de dados. Aunque supone una gimnasia aritmética útil ante el tablero, las investigaciones muestran que estas habilidades se quedan en el contexto del juego y no mejoran de forma automática las notas escolares o el cálculo general en la vida diaria.

¿En qué se diferencia el esfuerzo mental del backgammon y del ajedrez?

El ajedrez es un juego de información completa sin azar que exige calcular árboles de variantes muy profundos y visualizar jugadas futuras. El backgammon, por el contrario, es un juego probabilístico bajo incertidumbre que obliga a gestionar la varianza de los dados y a sopesar riesgos con el dado de doblar.

Fuentes

  1. Boardgammon. “Backgammon lessons: Learn to play step by step.”
  2. Boardgammon. “Backgammon strategy: Core concepts and game plans.”
  3. Altschul, D. M., & Deary, I. J. (2020). “Playing Analog Games Is Associated With Less Cognitive Decline: A 68-Year Longitudinal Study.” The Journals of Gerontology: Series B, 75(3), 474–482.
  4. Dartigues, J. F., et al. (2013). “Boardgame playing, cognitive decline and risk of dementia in elderly subjects: a 20-year population-based study of the PAQUID cohort.” BMJ Open, 3(8), e002998.
  5. Stern, Y. (2012). “Cognitive reserve in ageing and Alzheimer's disease.” The Lancet Neurology, 11(11), 1006–1012.
  6. Nakao, M. (2019). “Special series on 'effects of board games on health education and promotion' board games as a promising tool for health promotion: a review of recent literature.” BioPsychoSocial Medicine, 13(1), 5.
  7. Boardgammon. “Play backgammon online free in your browser.”

¿Hay un error o una frase que suena rara? Escríbenos