
Entre las grandes creaciones de la cultura lúdica universal, pocas disciplinas poseen un pasado tan rico y a la vez tan rodeado de tópicos erróneos como el juego de damas. Muchas personas suponen de forma superficial que las damas son un derivado menor del ajedrez, pensado para principiantes o para entretener a los niños. La realidad histórica demuestra lo contrario: las damas constituyen una disciplina estratégica de pleno derecho, fruto del encuentro entre la tradición matemática andalusí y el tablero europeo en plena Edad Media.
Hoy, mientras miles de aficionados disputan partidas de damas online en plataformas digitales, el juego ostenta además un hito científico singular: en 2007, un equipo de investigadores demostró matemáticamente que las damas están resueltas, probando que dos jugadores impecables empatan siempre[1]. Para entender cómo doce piezas de madera alcanzaron tal perfección teórica, es preciso remontarse a su verdadero precursor: el alquerque andalusí.
El alquerque andalusí y el códice de Alfonso X el Sabio
El antepasado indiscutible del juego de damas es el pasatiempo árabe conocido como al-qirq (القرق), castellanizado en la península ibérica como alquerque[2]. Aunque en relatos divulgativos se suele vincular las damas con el senet egipcio o con tableros descubiertos en la ciudad sumeria de Ur, la historia de los juegos establece una frontera nítida: aquellos juegos antiguos eran carreras lineales con dados o tabas, sin la mecánica de captura por salto en diagonal que define a las damas.
El alquerque, por el contrario, aportó la regla que cualquier jugador de damas identifica al instante: una pieza captura a otra contraria saltando por encima de ella hasta una intersección contigua que se encuentre vacía. La fuente histórica más completa sobre este juego se conserva en el célebre códice mandado componer por el rey Alfonso X el Sabio, el Libro de acedrex, dados e tablas, terminado en la ciudad de Sevilla en 1283[2].
En el manuscrito alfonsí, el juego figura denominado como alquerque de doze (alquerque de 12)[2]. No se jugaba sobre las casillas de un tablero, sino sobre una cuadrícula de 25 puntos de intersección conectados por líneas rectas y diagonales[2]. Cada participante contaba con 12 piezas, colocadas al inicio en las dos primeras filas de su campo y en dos puntos de la fila central, dejando libre únicamente el punto central del tablero. Las piezas avanzaban de punto a punto contiguo siguiendo las líneas trazadas, y si una pieza enemiga se interponía con un punto libre detrás en la misma dirección, era preceptivo saltarla y retirarla.
El juego ya había sido mencionado en el siglo diez por el escritor Abu al-Faraj al-Isfahani en su célebre Kitab al-Aghani (Libro de los cantares). No obstante, el alquerque clásico sobre su red de 5×5 líneas presentaba una limitación evidente: al concentrar veinticuatro piezas en solo 25 puntos, las posiciones tendían a bloquearse con rapidez. Para dar aire al juego y permitir maniobras abiertas, los jugadores medievales tomaron una decisión genial: trasladar las piezas al tablero de ajedrez.
El salto al tablero de ajedrez y el origen de las palabras
Durante el siglo doce, en el sur de Francia o en el norte de la península ibérica, se produjo la fusión de la que nacieron las damas modernas[3]. El tablero de ajedrez, con sus 64 casillas alternadas claras y oscuras, era un objeto habitual en los hogares nobles. Al tomar las 12 piezas y el salto del alquerque y trasladarlos a las 32 casillas oscuras de un tablero de 8×8, el juego adquirió una fluidez desconocida[3].
Al circunscribir el movimiento a la red diagonal de las casillas oscuras, se eliminó la congestión que asfixiaba al alquerque. Las piezas disponían ahora de senderos diagonales para maniobrar, y la última fila contraria ofrecía una meta estratégica natural de coronación.
De esta época medieval procede también el nombre del juego en las principales lenguas romances y germánicas. En francés antiguo, la pieza que alcanzaba la última fila contraria se denominó primero fierge, término derivado del árabe firzan (el visir o consejero del ajedrez oriental). Cuando la figura del ajedrez evolucionó en Europa hasta convertirse en la dama o reina, el nombre pasó a la pieza coronada y al juego entero: jeu de dames en francés, Dame en alemán, damas en español y portugués, dama en italiano y turco, y дама en ruso. En las islas británicas, en cambio, arraigó el término draughts, derivado del verbo que designaba la acción física de arrastrar o mover las piezas sobre la madera. Con el tiempo, en Norteamérica se popularizó el nombre checkers, en alusión al patrón cuadriculado de las 64 casillas del tablero.

La ilustración superior muestra la mecánica esencial sobre el tablero: una ficha propia salta en diagonal sobre una ficha rival situada en una casilla contigua y se detiene en la casilla vacía inmediatamente posterior, retirando la pieza capturada. Esta dinámica de capturas forzadas constituye la base de las reglas de las damas inglesas.
Valencia y los primeros tratados impresos de Europa
La península ibérica no solo preservó las reglas del alquerque en el siglo trece, sino que lideró la codificación teórica de las damas durante el Renacimiento. Hacia el siglo dieciséis se consolidó en España y Francia una reforma crucial: el acto de comer se convirtió en obligatorio. Si un jugador descuidaba una captura o prefería mover otra pieza, el adversario tenía derecho a aplicar la famosa regla del soplido (huffing en inglés), retirando del tablero la ficha infractora antes de realizar su propia jugada. La obligación de comer transformó las damas en un arte de cálculo estricto. A partir de entonces, los sacrificios se convirtieron en armas demoledoras: un jugador perspicaz podía entregar una o dos fichas deliberadamente para obligar al contrario a caer en una trampa de saltos múltiples encadenados.
La literatura sobre damas floreció con rapidez en suelo valenciano. En 1547, el escritor Antonio de Torquemada dio a la imprenta en Valencia la obra El ingenio, ó juego de marro, de punta, ó damas, reconocida unánimemente como el libro impreso más antiguo del que se tiene noticia sobre este juego[4]. Apenas unas décadas después, a finales del siglo dieciséis, Pedro Ruiz Montero publicó también en Valencia su Libro del juego de las damas, vulgarmente nombrado el marro, consolidando un corpus teórico que analizaba aperturas, sacrificios y celadas de final con una profundidad asombrosa.
Dos siglos más tarde, en 1756, el maestro de matemáticas William Payne publicó en Londres An Introduction to the Game of Draughts[5]. La obra pasó a la posteridad entre otras razones porque el célebre erudito Samuel Johnson redactó la dedicatoria al conde de Rochford[5]. Johnson defendió la nobleza intelectual de las damas afirmando con agudeza que la misma capacidad y el mismo grado de talento que se despliegan en las grandes cosas suelen manifestarse en las pequeñas. El manual de Payne de 1756 fijó la normativa de las damas inglesas para la época moderna.
Variantes mundiales: del tablero de 64 al de 100 casillas
Aunque las damas inglesas son el estándar en el ámbito anglosajón, distintas regiones del planeta desarrollaron códigos propios. Las variantes de las damas muestran una asombrosa riqueza de matices en cuanto a tamaño del tablero, cantidad de piezas, leyes de captura y facultades de la dama coronada.
Las diferencias primordiales entre las modalidades mundiales giran en torno a tres cuestiones:
- ¿Pueden los peones comer hacia atrás? En las damas inglesas, los peones o fichas simples solo mueven y comen hacia adelante. En las shashki rusas, las damas brasileñas y las damas internacionales, los peones mueven hacia adelante pero pueden saltar y capturar tanto hacia adelante como hacia atrás[6].
- ¿Cómo se desplaza la dama coronada? En las damas inglesas, la dama solo mueve y salta de casilla en casilla, avanzando un paso diagonal a la vez. En las damas españolas, rusas, brasileñas e internacionales, la dama se convierte en una dama voladora, capaz de recorrer cualquier distancia sobre una diagonal despejada y saltar a distancia.
- ¿Existe ley de la mayoría? En las damas inglesas, si existen varias capturas disponibles, el jugador puede elegir la que prefiera. En las damas internacionales y españolas rige la ley de la mayoría, que obliga a elegir la línea que capture el mayor número de piezas enemigas.

Como muestra el gráfico anterior, la cantidad inicial de fichas varía según el tablero: el alquerque, las damas inglesas y las shashki rusas se juegan con 12 piezas por bando en tableros de 8×8, la dama turca cuenta con 16 piezas, y las damas internacionales emplean 20 piezas por jugador en una cuadrícula de 10×10 con 100 casillas[3].
Damas inglesas (Checkers)
Se juegan en un tablero de 8×8 con 12 fichas por bando. Los peones solo comen hacia adelante y las damas mueven paso a paso. Es una modalidad muy técnica, donde cada tiempo de desarrollo cuenta y no se toleran imprecisiones en el cálculo de casillas.
Damas internacionales
Disputadas en un amplio tablero de 10×10 con 20 piezas por bando[3]. Aunque en el pasado recibieron el apodo de damas a la polaca, los registros confirman que nacieron en París hacia 1723[3]. La amplitud de las 100 casillas combinada con la dama voladora y la captura hacia atrás propicia complejas combinaciones tácticas conocidas como coup royal.
Shashki rusas
Las shashki rusas (русские шашки) se juegan sobre 8×8 con 12 piezas, pero con un dinamismo electrizante. Los peones comen hacia atrás, las damas vuelan a lo largo de las diagonales y rige la coronación sobre la marcha: si un peón toca la última fila durante un salto múltiple y tiene otra captura posible, corona al instante y continúa comiendo en el mismo turno como dama voladora.
Dama turca
La dama turca (Türk daması) rompe con el movimiento diagonal: se juega sobre las 64 casillas de un tablero de 8×8 sin distinción de color. Cada bando coloca 16 fichas en la segunda y tercera fila[6]. Las piezas avanzan y comen en línea recta ortogonal, hacia adelante o hacia los lados. Las damas se desplazan como torres de ajedrez a lo largo de filas y columnas abiertas.
Cómo Jonathan Schaeffer y Chinook resolvieron el juego
Durante siglos, los mejores teóricos se preguntaron si quien sale primero cuenta con una ventaja forzada de victoria. A diferencia del backgammon, donde los factores aleatorios inciden en el juego—como explica nuestro estudio estadístico sobre dados trucados en el backgammon online—, las damas son un juego de información perfecta. No hay cartas ocultas ni tiradas de dados: cada posición sobre el tablero responde a un valor objetivo matemático.
A finales del siglo veinte, el científico informático Jonathan Schaeffer, de la Universidad de Alberta, emprendió el desafío de resolver computacionalmente las damas inglesas de 8×8[1]. Su programa, bautizado como Chinook, integró heurísticas avanzadas con bases de datos de finales resueltas desde tableros vacíos hacia atrás.
Para medir la capacidad de la máquina, Schaeffer la enfrentó al maestro indiscutible de todos los tiempos: el doctor Marion Tinsley (1927–1995), profesor de matemáticas de Florida que reinó como campeón mundial de 1955 a 1958 y de 1970 a 1992[1]. La trayectoria de Tinsley no tuvo parangón en la historia: a lo largo de 45 años de carrera competitiva, solo perdió 9 partidas individuales en torneos oficiales[1].
En su primer duelo mundial en 1992, Tinsley superó a Chinook por cuatro victorias a dos, con treinta y tres empates. En la revancha de 1994, tras seis partidas entabladas, Tinsley debió retirarse por graves problemas de salud y falleció poco después a causa de un cáncer[1]. Tras aquel certamen de 1994, Chinook se coronó campeón mundial hombre-máquina.
Schaeffer no detuvo su empeño hasta alcanzar la demostración matemática absoluta. El espacio total de búsqueda para las damas de 8×8 abarca aproximadamente 5 × 10^20 posiciones posibles: quinientos trillones de configuraciones[1]. El equipo calculó bases completas de finales para todas las posiciones con diez o menos piezas sobre el tablero.
En 2007, tras 18 años de cálculos distribuidos en centenares de procesadores, Schaeffer y sus colaboradores publicaron su conclusión en la revista Science en un artículo titulado «Checkers Is Solved»[1]. El veredicto científico fue categórico: las damas inglesas están débilmente resueltas; si ambos jugadores eligen en cada turno el movimiento perfecto, la partida concluye inexorablemente en tablas[1].
Por qué un juego resuelto sigue estando vivo
Cuando la revista Science anunció que las damas estaban resueltas, algunas crónicas sensacionalistas sugirieron que el juego había perdido su gracia. En realidad, la demostración computacional ratificó lo que los grandes maestros sabían desde hacía más de un siglo: que el juego impecable entre iguales conserva el equilibrio.
Además, la solución es débil, no fuerte. Una solución débil demuestra el desenlace desde la posición inicial y refuta cualquier error, pero ningún ser humano puede memorizar los 5 × 10^20 caminos en su mente[1]. Sobre el tablero de madera, un solo descuido posicional inclina la balanza y convierte unas tablas teóricas en una derrota inmediata.
Del mismo modo que en el ajedrez se estudian celadas para evitar un mate del pasillo en ajedrez, o en el backgammon se mide la precisión mediante el índice de rendimiento, en las damas los organizadores de torneos introdujeron sorteos de apertura de tres jugadas para quebrar caminos trillados y forzar posiciones combativas. Ya sea en damas inglesas, shashki rusas o damas internacionales, el juego nacido del alquerque en 1283 mantiene intacta su fascinación intelectual.
Preguntas frecuentes
¿Son las damas más antiguas que el ajedrez?
Las damas con captura diagonal sobre casillas nacieron en el siglo doce, por lo que son posteriores al ajedrez, consolidado en la India en el siglo seis (chaturanga) y en Persia en el siete (shatranj). Sin embargo, el alquerque, antecesor directo de las damas, se practicaba ya en la antigüedad y convivió con las primeras etapas del ajedrez en el mundo islámico.
¿Cuál es la diferencia entre damas y checkers?
«Draughts» y «checkers» son los términos ingleses para referirse al juego de damas. En español, «damas» alude tanto a la modalidad clásica de 8×8 como al conjunto de variantes internacionales.
¿Gana siempre quien mueve primero si no comete errores?
No. La demostración matemática de Jonathan Schaeffer en 2007 probó que las blancas no disponen de una victoria forzada desde la posición de partida[1]. Con juego perfecto por ambos lados, la partida de damas de 8×8 concluye en tablas.
¿Qué variante de damas es más aconsejable para aprender?
Para iniciarse, las damas inglesas de 8×8 resultan óptimas por la sencillez de sus movimientos iniciales: los peones solo comen hacia adelante y las damas mueven casilla a casilla, lo que permite asimilar los conceptos fundamentales de oposición y cálculo antes de saltar a las damas voladoras.
Fuentes
- Schaeffer, J., Burch, N., Björnsson, Y., Kishimoto, A., Müller, M., Lake, R., Lu, P., & Sutphen, S. (2007). Checkers Is Solved. Science, 317(5844), 1518–1522.
- Alfonso X of Castile. (1283). Libro de acedrex, dados e tablas (Libro de los juegos). Seville.
- Murray, H. J. R. (1952). A History of Board-Games Other Than Chess. Oxford University Press.
- Torquemada, A. de. (1547). El ingenio, ó juego de marro, de punta, ó damas. Valencia.
- Payne, W. (1756). An Introduction to the Game of Draughts. London.
- Boardgammon. “Checkers Rules: How to Play, Movement, and Captures.”
- Boardgammon. “Checkers Crown: Play Online Checkers and Regional Draughts Variants.”
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