
Cuando abres un tablero de madera, colocas las fichas en sus puestos y lanzas los dados, sostienes entre tus manos un artefacto que condensa más de cinco mil años de pensamiento estratégico. El chasquido rítmico de la madera y el rodar de los dados sobre el paño no son costumbres recientes: es exactamente el mismo sonido que escuchaban los legionarios romanos en los campamentos de Hispania y Britania, los cortesanos del rey sasánida en Ctesifonte y los caballeros medievales en los salones de Toledo y Sevilla.
Hay quienes consideran el backgammon un simple pasatiempo de azar porque cada movimiento depende de los números que muestran los dados. Sin embargo, cualquiera que haya disputado unas cuantas partidas sabe bien que el azar solo decide las opciones disponibles en cada turno; la victoria en una serie de encuentros depende por completo de la comprensión geométrica del tablero, el control del riesgo y el cálculo exacto de las probabilidades.
Para comprender a fondo la historia del backgammon y las razones por las que su estructura ha permanecido intacta a lo largo de los siglos, conviene acudir a los testimonios documentales: desde las tumbas del Próximo Oriente antiguo hasta los manuscritos de Alfonso X el Sabio, los tratados del siglo XVIII y los clubes de Nueva York en el siglo XX.
Los ancestros más remotos: Ur y Shahr-e Sukhteh
Mucho antes de que el tablero adoptara los 24 puntos triangulares que hoy conocemos, los pueblos de Mesopotamia y de la meseta iraní idearon fascinantes juegos de carreras sobre cuadrículas de madera y piedra.
El testimonio arqueológico más célebre fue hallado en los años veinte del siglo pasado por el arqueólogo británico Sir Leonard Woolley durante las excavaciones del cementerio real de Ur, en el sur del actual Irak. En las tumbas reales se desenterraron magníficos tableros taraceados con nácar, lapislázuli y caliza roja, datados entre los años 2600 y 2400 a. C.
El conocido como Juego Real de Ur se disputaba sobre un tablero de 20 casillas. Cada jugador contaba con 7 fichas y lanzaba dados piramidales de 4 caras. Una tablilla de arcilla con escritura cuneiforme redactada en Babilonia en el año 177 a. C. por el escriba Itti-Marduk-balāṭu demostró que este juego continuaba siendo extraordinariamente popular dos milenios después como pasatiempo de apuestas y cálculo.
Casi al mismo tiempo, en el sureste del actual Irán, las excavaciones en Shahr-e Sukhteh («la ciudad quemada») sacaron a la luz un tablero de ébano tallado perteneciente a la Edad del Bronce (hacia 2600-2400 a. C.). El tablero presentaba 60 puntos grabados con la silueta de una serpiente enroscada, y fue descubierto junto a 60 fichas de ágata y turquesa y dos dados de piedra caliza.
Tal como explica el historiador Irving Finkel, estos descubrimientos demuestran que el principio esencial del juego —dos rivales que mueven un contingente idéntico de fichas por un itinerario prefijado según los resultados de los dados— formaba parte de la cultura humana hace más de 5000 años. Sin embargo, aquellos tableros arcaicos todavía no tenían 24 puntos ni el recorrido en direcciones opuestas que define al backgammon. Esa arquitectura geométrica nació en el Imperio romano.
La tabula romana y la desafortunada partida del emperador Zenón
El antepasado directo del backgammon es el juego romano conocido como Ludus Duodecim Scriptorum («el juego de las doce líneas»). Se jugaba sobre una tabla dividida en tres filas paralelas de doce puntos cada una, sumando un total de 36 puntos, con 3 dados y 15 fichas por bando. Todavía hoy pueden verse restos de estos tableros grabados en los escalones de las basílicas, los foros y las termas romanas desde Mérida hasta Roma y el norte de África.
Hacia el siglo I d. C., los jugadores romanos comprendieron que la hilera central de doce puntos ralentizaba las partidas de forma innecesaria. Decidieron eliminarla y conservar únicamente dos filas opuestas de doce puntos: exactamente los 24 puntos que seguimos utilizando en la actualidad. El juego renovado recibió el nombre de Tabula («tabla» o «tablero»), término que dio origen a la denominación del juego en media Europa: las tablas en España, tavli en Grecia y tavla en Turquía.
En la tabula cada contrincante manejaba 15 fichas. Las fichas avanzaban en sentidos opuestos según los números obtenidos con tres dados. Si una ficha quedaba sola en un punto, era vulnerable: el rival podía golpearla y obligarla a reiniciar su recorrido.
El documento histórico más célebre sobre las reglas de la tabula se conserva en la Antología griega (libro 9, epigrama 482), obra del poeta e historiador bizantino Agatías Escolástico. Agatías describió con minucioso detalle una partida real disputada hacia el año 480 d. C. en Constantinopla por el emperador Zenón.
Zenón disfrutaba de una posición aparentemente dominante con las fichas blancas, pero su oponente había bloqueado varios puntos clave del tablero exterior. El emperador arrojó sus tres dados y obtuvo los números 2, 5 y 6. Como las normas romanas exigían emplear obligatoriamente todos los valores obtenidos siempre que existiera un movimiento legal, y los puntos cerrados del rival impedían avanzar limpiamente, el emperador se vio acorralado: tuvo que romper seis parejas protegidas y dejó expuestas sobre el tablero ocho fichas solas (blots). Su rival aprovechó de inmediato la oportunidad, golpeó las fichas desprotegidas y se alzó con la victoria.
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El riguroso estudio publicado en 1934 por R. G. Austin en The Journal of Hellenic Studies demostró que el poema de Agatías no era una fantasía literaria, sino el registro fidedigno de una posición real sobre un tablero de 24 puntos. El análisis de Austin probó que las reglas de las 15 fichas, la captura de fichas solas y la obligación de mover todos los dados estaban plenamente consolidadas en el siglo V de nuestra era.

El nard persa sasánida y el simbolismo cósmico de Bozorgmehr
Mientras la tabula triunfaba en el Mediterráneo, en el Imperio sasánida de Persia floreció una tradición de una belleza conceptual insuperable: el juego de Nard (o Nardshir).
El testimonio fundamental sobre el origen del nard es el texto en pahlavi (persa medio) Wizārišn ī čatrang ud nihišn ī nēw-ardaxšīr («La explicación del ajedrez y la invención del nard»), redactado en el siglo VI durante el reinado del rey Cosroes I Anushirvan. Según la crónica, el monarca de la India envió el juego del ajedrez a la corte persa como un enigma diplomático, desafiando a los sabios locales a desentrañar sus reglas sin ninguna instrucción previa.
El gran visir Bozorgmehr resolvió el funcionamiento del ajedrez en 3 días. Como respuesta y demostración de agudeza, inventó el juego del nard y lo despachó a la India con un desafío equivalente.
Tal como expone el historiador Touraj Daryaee, Bozorgmehr concibió el nard como un espejo alegórico del cosmos y de la existencia humana:
- El tablero representaba la superficie terrestre, dividida en 4 cuadrantes correspondientes a las estaciones del año.
- Los 24 puntos simbolizaban las 24 horas del día y de la noche (12 horas de luz y 12 horas de oscuridad).
- Las 30 fichas (15 blancas y 15 negras) correspondían a los 30 días del mes lunar.
- Los dos dados personificaban las esferas celestes y el giro inexorable del destino (Bakht), mientras que el desplazamiento de las fichas representaba la voluntad, la sabiduría y el discernimiento humano para desenvolverse ante los giros de la fortuna.
Frente al ajedrez, donde ambos jugadores actúan con información completa y sin intervención del azar, el nard transmitía una enseñanza vital: el ser humano no puede elegir los dados que la fortuna le reparte, pero es responsable de administrar sus fichas con templanza, prudencia y visión de futuro.

La Edad Media española y el Libro de los juegos de Alfonso X el Sabio (1283)
Tras la expansión del islam por Oriente Próximo, el nard fue asimilado con entusiasmo en los califatos de Damasco, Bagdad y Córdoba. Los eruditos árabes redactaron tratados sobre el cálculo de los dados y las aperturas más convenientes. A través de la España andalusí y de Bizancio, el juego se extendió con fuerza por los reinos cristianos de Europa.
En Francia e Inglaterra se denominó genéricamente tables, en los estados alemanes Wurfzabel y en la península ibérica tablas o tablas reales. Debido a la pasión de las apuestas, los monarcas y las autoridades eclesiásticas intentaron restringirlo: en el siglo XIII, el rey Luis IX de Francia dictó ordenanzas prohibiendo los dados y los tableros en sus dominios, aunque la afición continuó viva en posadas y palacios por igual.
La cumbre indiscutible de la literatura medieval sobre juegos de mesa es el Libro de acedrex, dados e tablas («Libro de los juegos»), mandado componer por el rey Alfonso X el Sabio y terminado en Sevilla en 1283. Este códice ricamente iluminado describe 14 modalidades distintas de juegos disputados sobre el tablero de 24 puntos.
Entre las variantes descritas en el manuscrito destaca de manera singular el juego de todas tablas. La colocación inicial de todas tablas en el texto de 1283 es idéntica a la del backgammon actual: cada jugador dispone de 15 fichas, ubicadas en las mismas cuatro casillas fundamentales:
- 2 fichas en el punto 24 del rival,
- 5 fichas en el punto 13 (en el medio del tablero),
- 3 fichas en el punto 8,
- 5 fichas en el punto 6 (en la propia casa).
El documento alfonsí certifica que la disposición clásica de partida que hoy empleamos en los torneos internacionales tiene al menos 700 años de historia ininterrumpida y fue practicada con entusiasmo en la península ibérica.
El esplendor de las tablas reales en la cultura hispánica
A partir de la obra alfonsí, las tablas reales se consolidaron como un entretenimiento cortesano y popular omnipresente en los reinos hispánicos. En los siglos posteriores, la literatura recogió con frecuencia el léxico del juego: evitar dejar fichas solas, cerrar puntos estratégicos en el tablero exterior y dominar el cubilete eran consideradas cualidades de agudeza mental y templanza moral.
Frente a otros juegos de dados puramente fortuitos, las tablas gozaban de prestigio porque premiaban el ingenio y la capacidad de sobreponerse a un mal tiro. Esta profunda familiaridad histórica explica por qué el juego enraizó con tanta fuerza en la península y en el continente americano.
Edmond Hoyle y la codificación de las reglas en el siglo XVIII
En la Inglaterra del siglo XVII comenzó a utilizarse el vocablo backgammon. Los filólogos suelen vincular el término a las palabras del inglés medio baec («espalda» o «atrás») y gamen («juego»), en referencia al regreso de las fichas golpeadas a la barra o al hecho de que el tablero plegable se guardaba en el reverso de los tableros de ajedrez.
El gran salto hacia la estandarización matemática de las normas tuvo lugar en Londres durante el siglo XVIII. En 1743, el profesor y matemático Edmond Hoyle publicó su tratado A Short Treatise on the Game of Back-Gammon.
Hoyle fue el primer autor en sustituir la intuición y las supersticiones por el cálculo riguroso de probabilidades. En su obra de 1743, calculó con precisión las opciones de golpear una ficha sola a distancias comprendidas entre 1 y 12 puntos, y fijó las leyes oficiales sobre la obligación de mover fichas tocadas y el orden de salida del tablero. Hoyle estandarizó el uso de dos dados en lugar de tres y definió con claridad la victoria doble (gammon). Su manual alcanzó un prestigio tan absoluto que dio origen a la conocida expresión inglesa «according to Hoyle» (según las reglas).
Si deseas conocer con detalle las normas vigentes en la actualidad, puedes consultar nuestra guía completa sobre las reglas del backgammon.
La revolución del cubo de doblar en los años veinte
A pesar de la precisión de las leyes de Hoyle, el backgammon presentaba un problema táctico en los enfrentamientos largos: cuando uno de los dos rivales lograba una ventaja de carrera insuperable, el desenlace estaba prácticamente decidido, pero ambos jugadores debían continuar arrojando los dados de forma rutinaria durante varios minutos hasta sacar la última ficha.
La solución surgió en los años veinte del siglo XX en los salones privados de Nueva York. Un jugador anónimo ideó un dado de gran tamaño con las potencias de dos: 2, 4, 8, 16, 32 y 64. Había nacido el cubo de doblar.
El cubo permite a cualquier jugador que considere que tiene una ventaja apreciable proponer doblar el valor de la partida antes de lanzar los dados en su turno. El rival solo tiene dos caminos: rechazar la oferta y conceder la partida inmediatamente perdiendo 1 punto, o aceptar el doble y quedarse con la posesión exclusiva del cubo para un posible redoble futuro.
Esta innovación transformó el backgammon de una carrera lineal en un tenso duelo psicológico de teoría de juegos y gestión del riesgo. En 1931, una comisión de clubes neoyorquinos y europeos redactó las Reglas Internacionales de Backgammon, institucionalizando el cubo de doblar. Si quieres profundizar en esta historia, lee nuestro análisis sobre quién inventó el cubo de doblar.

Las ramas vivas de la familia de las tablas
Mientras el backgammon moderno de competición se consolidaba en Occidente con el uso del cubo, en el Mediterráneo y Europa oriental las variantes populares mantuvieron su vigencia sin necesidad de este accesorio:
- El tavla turco: la modalidad reina de las cafeterías de Estambul, célebre por su ritmo trepidante y el tradicional canto de las tiradas en turco y persa.
- El tavli griego: un encuentro que combina tres juegos distintos en rotación (las portes tradicionales, el plakoto donde se inmovilizan las fichas bajo las del rival y el fevga sin capturas).
- El nardy largo: muy extendido en Rusia y el Cáucaso, donde todas las 15 fichas parten de una sola casilla («la cabeza») y no se permite ninguna captura.
- Las tablas reales tradicionales: el juego clásico español que inspiró durante siglos reuniones familiares y partidas en plazas públicas.
Para conocer cómo difieren estas apasionantes tradiciones en sus movimientos y costumbres, te invitamos a leer nuestra comparativa sobre tavla, tavli, nardy y shesh besh y consultar nuestro compendio de variantes del backgammon.
Conclusión: el secreto de una permanencia milenaria
El backgammon no ha perdurado cinco milenios por casualidad. Su vigencia radica en el perfecto equilibrio entre dos fuerzas fundamentales: la incertidumbre del destino (el azar de los dados) y la lucidez de la inteligencia (la estrategia en el tablero).
Ya sea disfrutando de una partida distendida con amigos o midiendo tus decisiones en el backgammon online con análisis de rendimiento, formas parte de una conversación cultural viva que atraviesa épocas, reinos y civilizaciones.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos años tiene el juego del backgammon?
Los antecedentes arqueológicos más antiguos de juegos de carreras con dados (el Juego Real de Ur y el tablero de Shahr-e Sukhteh) tienen unos 5000 años de antigüedad (hacia 2600-2400 a. C.). La estructura reconocible de 24 puntos y 15 fichas por jugador se definió en la tabula romana hace aproximadamente dos mil años.
¿Quién inventó el backgammon?
El backgammon no tiene un creador único; fue evolucionando en Mesopotamia, Roma, Persia y la Europa medieval. Las fuentes persas atribuyen la formulación del nard al visir Bozorgmehr en el siglo VI, mientras que el cubo de doblar moderno fue ideado en Nueva York en los años veinte del siglo pasado.
¿Cuál es la diferencia entre las tablas tradicionales y el backgammon moderno?
Las tablas tradicionales y las variantes populares mediterráneas como el tavla se juegan sin cubo de doblar, compitiendo hasta sacar la última ficha por puntos simples o dobles. El backgammon moderno de torneo incorpora obligatoriamente el cubo de doblar y la posibilidad de victorias triples (backgammon).
Fuentes
- Austin, R. G. (1934). “Zeno's Game of τάβλη (A.P. ix. 482)”. The Journal of Hellenic Studies, 54(2), 202–205.
- Finkel, I. L. (Ed.). (2007). Ancient Board Games in Perspective. British Museum Press, London.
- Daryaee, T. (2002). Mind, Body, and the Cosmos: Chess and Backgammon in Ancient Persia. Iranian Studies, Mazda Publishers, Costa Mesa.
- Alfonso X of Castile. (1283). Libro de acedrex, dados e tablas (Libro de los juegos). Seville.
- Hoyle, E. (1743). A Short Treatise on the Game of Back-Gammon. F. Cogan, London.
- Murray, H. J. R. (1952). A History of Board-Games Other Than Chess. Oxford University Press, Oxford.
- Boardgammon. “The History of Backgammon: From Nard to the Modern Board.”
- Boardgammon. “Backgammon Rules: How to Play, Movement, and Bearing Off.”
- Boardgammon. “Backgammon Variants: Tavla, Tavli, Nardy, and Worldwide Table Games.”
- Boardgammon. “Play Backgammon Online Free.”
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